Cataluña no es una nación. Los nacionalistas falsifican la Historia de España / Catalonia is not a nation. The Nationalists falsify the History of Spain (SPANISH / ENGLISH)

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Alfonso II (1164-1196). Rey de Aragón y Conde de Barcelona. Pintura de Rafael Pertús, s. XVII.

Por Fernando Álvarez Balbuena

Quiero decir, ante todo, que mi admiración y mi respeto por Cataluña, nada tienen que ver con la crítica que me propongo hacer a esta marea nacional-separatista que desde hace años nos abruma y que últimamente está tomando tintes de tragedia nacional para nuestro país…

El innegable espíritu de trabajo, superación y laboriosidad de los catalanes, así como su proverbial sentido común (seny), que es bien conocido y admirado de todas las demás regiones de España. Pero otra cosa distinta es que unos políticos sin conciencia y con oscuros propósitos, se empeñen en falsificar la espléndida historia de Cataluña y de España, para justificar unas insensatas ansias de secesión que, de producirse, no solamente serían pésimas para Cataluña, sino también para la propia Nación Española, de la que Cataluña forma parte muy querida y admirada

Una mentira histórica, difundida por el catalanismo separatista, que cada día más, pretende tomar carta de naturaleza en la sociedad española, es la afirmación, carente de todo rigor, de que Cataluña es una nación tan antigua que remonta sus orígenes al siglo IX, con Wifredo el Velloso y sus herederos, cosa harto más que incierta puesto que en el imaginario medieval el concepto de Patria y de Nación, son absolutamente distintos de lo que hoy entendemos por tales títulos históricos, o, por mejor decir, inexistentes.

Don Marcelino Menéndez y Pelayo[1], una autoridad tanto histórica como filológica, dice taxativamente:

“No hay Patria en la Antigüedad, tampoco en la Edad Media. No la hay, en rigor, hasta el Renacimiento”

 

Y en éste sentido la Patria o Nación catalana es una falsedad, porque Cataluña ni es una nación ni lo fue nunca, por mucho que se insista en decir lo contrario. La historia es clara y terminante, pero un grupo, antes aludido, de ignorantes y radicales, impulsados por unos políticos sin conciencia y sin honor, asumiendo el viejo principio goebelsiano de que “una mentira repetida un millón de veces se convierte en una verdad”, insisten machaconamente en la realidad nacional histórica de Cataluña, lo cual es absolutamente falso. No se bien por qué ni desde que extraños e incomprensibles intereses se insiste en tal insensatez, cuyo origen data de mediados del siglo XIX, cuando se discutía entre librecambistas y proteccionistas la necesidad de salvaguardar los intereses de Cataluña, mediante la imposición de barreras aduaneras con las que se evitara o, al menos dificultara, la importación de géneros europeos, más baratos que los de la industria catalana.

Hoy, dentro ya España de la Unión Europea, una actitud separatista e independentista, es contraria a los verdaderos intereses tanto morales como materiales de la propia Cataluña.

También, dígase lo que se quiera, la mayor parte del pueblo catalán se siente tanto española como pueda sentirse catalana, pues no hay ninguna contradicción entre lo uno y lo otro y buena prueba de ello es el escaso interés popular que suscitó el referéndum sobre el tan traído y llevado “Estatut”, votado por una inmensa minoría, aunque la clase política haya hecho de él una verdadera bandera de combate. Así tenemos que oír todos los días un montón de consideraciones encrespadas y destempladas que para lo único que sirven es para dividirnos y para crear innecesarias reticencias que derivan en odios y rencores gravemente perjudiciales para todos y para poner en la calle a una multitud manipulada exigiendo la absurda independencia de Cataluña

¿Cuándo fue Cataluña nación?: Jamás. El Condado de Barcelona y con él toda Cataluña fueron desde el siglo XII (1164), y bajo el reinado de Alfonso II, primer rey de Aragón, parte de aquel reino que, desde entonces, se constituyó como unidad política, reuniéndose posteriormente con el de Castilla, mediante el matrimonio de Fernando II de Aragón (y V de Castilla) y de Isabel I de Castilla, en la nueva unidad denominada España, reforzada con la conquista de Granada y con la anexión de Navarra. Así pues, Cataluña, desde siempre, históricamente hablando y desde que existe memoria de dicha región, al igual que las de Galicia, Asturias, León, Andalucía, Extremadura y todas las demás, son parte integrante de la única Nación política que las integra; es decir, España.

Por otra parte y estudiando en profundidad la génesis de Cataluña, nos encontramos con otras falsificaciones de los nacionalistas, tales como el autogobierno parlamentario del Principado, (Generalitat) de la que dicen ser más antigua que las instituciones aragonesas y castellanas y así mismo la antigüedad del idioma. Ambas falsedades se desmontan fácilmente con datos incontestables.

La Generalitat no existe hasta el siglo XIV, mientras que las Cortes de León, por poner un ejemplo “español” muy anterior, son de 1188, (siglo XII) y en ellas se establecen principios de gobierno con los que Cataluña no podría ni soñar, como fueron la inviolabilidad del correo y del domicilio, así como una Justicia independiente de los señores y que se ejercía por jueces nombrados por el rey. En cuanto al idioma, los expertos en filología saben que el castellano es, por lo menos, un siglo anterior al catalán y que éste es un dialecto del provenzal, aunque provenga del común tronco latino, como el astur-leonés o el gallego que, dicho sea de paso, dio origen al portugués.

No hubo jamás un Príncipe de Cataluña, como algunos pretenden, sino un Conde de Barcelona y otros Condados catalanes, denominación historiográfica que designa a los condados que aparecen en el noreste de la península Ibérica a partir de la Marca Hispánica del Imperio carolingio (siglo IX). Y que es un territorio aproximadamente coincidente con la denominada Cataluña vieja y lo que actualmente son el principado de Andorra y la Cataluña francesa. Los condados más orientales acabaron siendo incorporados al condado de Barcelona y formaron parte de la unión dinástica con el reino de Aragón en la llamada Corona de Aragón (1162), mientras que el condado de Urgel mantuvo su dinastía propia hasta 1413 y el de Pallars Sobirá hasta 1491. Las taifas (reinos musulmanes) de Tortosa y Lérida habían sido conquistadas por el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV (en 1148 y 1149 respectivamente), y no se constituyeron como nuevos condados sino que Ramón Berenguer adoptó el título de marqués de estos territorios. Aunque los términos Catalania y catalanenses se encuentran por primera vez en forma escrita hacia 1172 en el poema pisano Liber maiolichinus de gestis pisanorum illustribus y ya se encuentran referencias al conde de Barcelona como Princeps en las actas de consagración de la catedral románica de Barcelona (1058) y en los Usatges de Barcelona, la denominación Principado de Cataluña (Principatus Cathaloniae) no aparece documentalmente hasta 1350 y la corte condal nada tenía que ver con una soberanía real y Cataluña fue siempre gobernada, desde su incorporación al reino de Aragón y luego a Castilla, por un Virrey.[2] Y, mientras fue integrada por unos condados de la llamada Marca Hispánica, estos pertenecieron a veces a la Occitania y otras, a Aragón, e incluso tuvieron cierta autonomía, pero muy lejos de poder ser entidades políticas comparables a los diversos reinos ibéricos.

Quede por tanto claro que Cataluña, como tal, no existe hasta muy a finales del siglo XII, y como Principado tampoco existe hasta el siglo XIV y desde luego nunca fue un reino y mucho menos una nación. En este sentido ha de quedar también muy claro que no existía Cataluña en el 987, como pretendieron los nacionalistas, celebrando el milenario en los años 80 del siglo XX. A la altura del siglo XII sí que existían otros reinos en la Península Ibérica: Asturias-León, Castilla, Navarra, con una estructura administrativa y política de Estado y con un Rey al frente de los mismos, así como gozando de instituciones representativas que eran las Cortes, donde se establecían libertades, se votaban censos y tributos y se obligaba al soberano a consultarlas para hacer la guerra o concertar la paz.

Pero, a mayor abundamiento, si repasamos la historia, (de la que tanto cacarean los nacionalistas) desde sus orígenes, veremos que tanto el catalanismo como el vasquismo son, en palabras de Unamuno, simples “pruritos nacionalistas” muy recientes, que en nada se corresponden con su pasado español perfectamente contrastado, sino que nacieron muy a finales del siglo XIX y que derivaron a posiciones antiespañolas que en nada se corresponden con su acendrada fidelidad histórica a España

Pondremos un ejemplo medieval (S. XIV) y un par de ellos modernos (S. XIX) para no extendernos demasiado en algo que está perfectamente demostrado a pesar de la feroz posición contraria de los nacionalistas actuales:

Cuando las expediciones aragonesas a Grecia y a Turquía, donde Aragón fundó los ducados de Atenas y Neopatria, los soldados catalanes, llamados Almogávares, entraban en combate, no exaltando a Catalunya, sino al grito de: ¡Aragó, Aragó!

Cuando se convocan las Cortes de Cádiz, (1810) para tratar de organizar el desastre español que se produce con la invasión napoleónica, la Junta de Cataluña exige de sus diputados el siguiente juramento:

“¿Jura Vd. contribuir con todas sus fuerzas a que se verifique la unión de todas las provincias en un gobierno superior?”

Y durante la propia Guerra de la Independencia, en el Sitio de Gerona, glorificado hasta la máxima exaltación patriótica por todos los historiadores, las milicias catalanas cantaban (en su propio idioma):

“Digasmi tu Girona

Si te n´arrenderás.

¿Com vols que me randesca

si Espanya non vol pas?”

Queda, según esto bastante claro que la conciencia de entidad nacional catalana históricamente es una falacia propalada en 1830, con el romanticismo de la Renaixenca o con las Bases de Manresa de 1892, todo lo cual casaba bastante mal con la actitud proteccionista del gobierno de España hacia Cataluña y el País Vasco que en aquellas mismas fechas, creaba una legislación aduanera contraria al librecambio, que imponía fuertes derechos de entrada a las mercancías extranjeras, precisamente para favorecer a las industrias manufactureras de ambas regiones, fuertemente amenazadas por Inglaterra, Francia y los Estados Unidos., como ya dejamos dicho líneas arriba.

En definitiva: ni la lengua, ni las costumbres, ni consideraciones de índole geográfica, étnica, comercial o sentimental alguna, son las notas constitutivas de una nación. La nación surge de las circunstancias políticas que la forman y la tipifican y, por ello es tan ridículo decir que Cataluña o Vascongadas son naciones, como atribuir a Ginebra o a Zurich igual calificativo, pues a pesar de las enormes diferencias que existen entre la región ginebrina y la zuriquesa, no hay allí otra nación que la nación Suiza, que es quien políticamente las une y las vertebra.

Igual consideración cabe hacer de la unidad nacional de China o India, países en que conviven más de cien lenguas diferentes y casi otras tantas razas, amén de distintas religiones, tendentes por su especial idiosincrasia a establecer notables diferencias entre el modo de pensar de unos y otros. Sin embargo nadie cuestiona la entidad nacional de los gigantes asiáticos y vamos a ser nosotros, los enanos europeos, para quienes el agrupamiento es vital, los que desechando el viejo principio de que “La unión hace la fuerza”, queramos desgajar España, empezando por Cataluña y las provincias vascongadas, hasta independizar unas de otras a las diez y siete taifas en que insensatamente se ha dividido nuestro gran país.

Y, para terminar: esa bandera de la que tanto usan y abusan los nacionalistas catalanes y que llaman “senyera”, no es catalana; es la bandera del antiguo reino de Aragón[3]. A Wifredo el Velloso, a quien aludimos al principio, como parte de la visión de que fue el creador originario de Cataluña, se le atribuye también el origen de la bandera de las cuatro barras. Esta leyenda tiene su origen, en el historiador valenciano Pere Antoni Beuter, quien la incluyó el año 1555 en su obra Crónica general de España, inspirándose en una crónica castellana de 1492.

El texto de Beuter dice así:

…pidió el conde Iofre Valeroso (Wifredo el Velloso) al emperador Loís que le diesse armas que pudiesse traher en el escudo, que llevava dorado sin ninguna divisa. Y el emperador, viendo que havía sido en aquella batalla tan valeroso que, con muchas llagas que recibiera, hiziera maravillas en armas, llegóse a él, y mojóse la mano derecha de la sangre que le salía al conde, y passó los quatro dedos ansí ensangrentados encima del escudo dorado, de alto a baxo, haziendo quatro rayas de sangre, y dixo: «Éstas serán vuestras armas, conde.» Y de allí tomó las quatro rayas, o bandas, de sangre en el campo dorado, que son las armas de Cathaluña, que agora dezimos de Aragón.

Fue revivida entre otros, por el escritor catalán Pablo Piferrer (1818-1848) reconocido como el gran recopilador de las leyendas catalanas tradicionales.

Todo esto, como argumento para una novela pseudo histórica o para un film de éxito popular, queda muy bonito, romántico y adecuado, pero en términos rigurosamente históricos, el escudo de las cuatro barras quien empezó a utilizarlo fue Alfonso II de Aragón, hijo del conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, que casó con Petronila, hija del rey de Aragón.

Petronila de Aragón (Huesca, 29 de junio de 1136 – Barcelona, 15 de octubre de 1173).fue Reina de Aragón entre 1157 y 1164 y condesa de Barcelona entre 1162 y 1164. Era hija de Ramiro II el Monje e Inés de Poitou y después de la unión dinástica del condado de Barcelona con el reino de Aragón, al que se incorpora dicho condado, fue cuando se adoptó el emblema de las cuatro barras o palos rojos sobre fondo de oro, llegando a ser el símbolo y bandera oficial del linaje a partir de su hijo, el rey Alfonso II de Aragón, hacia el año 1170.

A mayor abundamiento, en el siglo IX, tiempos del Velloso, no existía todavía la Heráldica como ciencia del blasón normalizada y sometida a estrictas reglas y, por lo tanto, no se pintaban escudos.

Hasta los siglos XI y XII no comienza a hacerse tal cosa y ello fue así porque con el uso de yelmos y armaduras, era imposible reconocer a los caballeros que participaban en las justas medievales (torneos) y para ser identificados y distinguirse unos de otros escogían símbolos en exclusiva, casi siempre otorgados o refrendados por los reyes y príncipes soberanos.

Aunque en la antigüedad remota, griegos y romanos primero y celtas y godos después, usaban en sus escudos emblemas y dibujos, nada tiene que ver esta costumbre con la heráldica. Esta fue importada de oriente por los caballeros de las distintas naciones de la Europa cristiana que fueron a luchar en las Cruzadas.

Y, por cierto, y con esto acabo estas reflexiones, los dos grandes caudillos de quienes presume Cataluña en la actualidad, como conquistadores y almirantes de su flota mediterránea, Roger de Lauria y Roger de Flor, no eran catalanes. El uno, Roger de Lauria, era italiano de la Basilicata, en el Golfo de Taranto, y el otro, Roger de Flor, también italiano, nació en Brindisi, en la Apulia, región situada en el llamado “Tacón de la Bota de Italia”.

Otro par de mentiras más, y van…

[1] Menéndez Pelayo, precisamente comenzó su brillante carrera en la Universidad de Barcelona, con el eminente filólogo Milá y Fontanals,

[2] Por cierto, San Francisco de Borja, III General de la Compañía de Jesús, antes de abrazar la vida religiosa, fue Duque de Gandía y Virrey de Cataluña

[3] El origen de los colores aragoneses, muy probablemente está en la correspondencia entre Aragón y el Papado. Las cartas que el Papa de Roma remitía al rey de Aragón venían selladas y atadas con citas rojas y amarillas.

inglaterra

I want to say, above all, that my admiration and my respect for Catalonia, have nothing to do with the criticism that I intend to make to this national-separatist tide that for years has overwhelmed us and that lately is taking on dyes of national tragedy for our country …

The undeniable spirit of work, surpassing and industriousness of the Catalans, as well as their proverbial common sense (seny), which is well known and admired from all other regions of Spain. But a different thing is that politicians without conscience and with dark intentions, fake themselves to falsify the splendid history of Catalonia and Spain, to justify some insane anxieties of secession that, if produced, would not only be terrible for Catalonia, but also for the Spanish Nation itself, of which Catalonia is a much loved and admired part.

A historical lie, spread by separatist Catalanism, which every day seeks to take a letter of nature in Spanish society, is the assertion, devoid of any rigor, that Catalonia is a nation so old that it goes back to the ninth century, with Wifredo el Velloso and his heirs, which is much more than uncertain, since in the medieval imaginary the concept of country and nation are absolutely different from what we nowadays mean by such historical titles, or rather, nonexistent.

Don Marcelino Menéndez y Pelayo [1], an authority both historical and philological, says categorically:

«There is no Homeland in Antiquity, nor in the Middle Ages. There is not, strictly speaking, until the Renaissance «

And in this sense the Catalan Homeland or Nation is a falsehood, because Catalonia is neither a nation nor was never, however much it insists on saying the opposite. The story is clear and straightforward, but a group, previously alluded to, ignorant and radical, driven by politicians without conscience and without honor, assuming the old Goebelsian principle that «a lie repeated a million times becomes a truth» , Insist machaconamente in the historical national reality of Catalonia, which is absolutely false. I do not know why or since strange and incomprehensible interests insists on such folly, whose origin dates back to the middle of the nineteenth century, when it was discussed between free trade and protectionists the need to safeguard the interests of Catalonia, through the imposition of customs barriers with which would be avoided or, at least difficult, the importation of European genres, cheaper than those of Catalan industry.

Today, within Spain of the European Union, a separatist and independentist attitude is contrary to the true moral and material interests of Catalonia itself.

Also, whatever you want, most of the Catalan people feel both Spanish and feel Catalan, for there is no contradiction between the one and the other and a good example of this is the lack of popular interest that the referendum aroused. so brought and carried «Estatut», voted by an immense minority, although the political class has made of him a true flag of combat. Thus we have to hear every day a lot of fuzzy and untempered considerations that for the only purpose they serve is to divide us and to create unnecessary reticences that result in hatreds and grudges that are seriously damaging to all and to put in the street a manipulated crowd demanding the absurd independence of Catalonia

When was Catalonia a nation ?: Never. The County of Barcelona and with it all of Catalonia were from the 12th century (1164), and under the reign of Alfonso II, the first king of Aragon, part of that kingdom that, since then, was constituted as a political unit, meeting later with the of Castilla, through the marriage of Fernando II of Aragon (and V of Castile) and of Isabel I of Castile, in the new unit denominated Spain, reinforced with the conquest of Granada and with the annexation of Navarre. Thus Catalonia, historically speaking and since memory of this region, like those of Galicia, Asturias, Leon, Andalusia, Extremadura and all others, are an integral part of the only political nation that integrates them; that is, Spain.

On the other hand and studying in depth the genesis of Catalonia, we find other falsifications of the nationalists, such as the parliamentary self-government of the Principality, (Generalitat) of which they claim to be older than the Aragonese and Castilian institutions and also the antiquity from language. Both falsehoods are easily dismantled with incontestable data.

The Generalitat did not exist until the fourteenth century, while the Cortes de León, to put a very early example of «Spanish», are from 1188, (XII century) and they establish principles of government with which Catalonia could not dream , as were the inviolability of the mail and domicile, as well as a Justice independent of the lords and that was exercised by judges appointed by the king. In terms of language, experts in philology know that Spanish is at least a century before Catalan and that this is a dialect of Provencal, although it comes from the common Latin trunk, such as Asturian-Leonese or Galician, by the way, gave rise to the Portuguese.

There was never a Prince of Catalonia, as some pretend, but a Count of Barcelona and other Catalan Counties, denomination historiográfica that designates to the counties that appear in the northeast of the Iberian peninsula from the Hispanic Mark of the Carolingian Empire (century IX ). And that is a territory approximately coincident with the one denominated Old Catalonia and what at the moment they are the principality of Andorra and the French Catalonia. The easternmost counties ended up being incorporated into the county of Barcelona and formed part of the dynastic union with the kingdom of Aragon in the so-called Crown of Aragon (1162), while the county of Urgel maintained its own dynasty until 1413 and that of Pallars Sobirá until 1491. The taifas (Muslim kingdoms) of Tortosa and Lerida had been conquered by the Count of Barcelona Ramon Berenguer IV (in 1148 and 1149 respectively), and were not constituted as new counties but Ramon Berenguer adopted the title of Marquis of these territories. Although the terms Catalania and Catalan are for the first time written in 1172 in the Pisan poem Liber maiolichinus de gestis pisanorum illustribus and there are already references to the Count of Barcelona as Princeps in the acts of consecration of the Romanesque cathedral of Barcelona (1058 ) and in the Usatges of Barcelona, ​​the denomination Principality of Catalonia (Principatus Cathaloniae) does not appear documentary until 1350 and the county court had nothing to do with a real sovereignty and Catalonia was always governed, from its incorporation to the kingdom of Aragon and soon to Castilla, by a Viceroy. And, while it was integrated by some counties of the denominated Hispanic Brand, these belonged sometimes to the Occitania and others, to Aragon, and even they had certain autonomy, but very far from being able political entities comparable to the diverse Iberian kingdoms.

It is therefore clear that Catalonia, as such, did not exist until very late in the twelfth century, and as Principado did not exist until the fourteenth century and of course was never a kingdom, much less a nation. In this sense it must also be very clear that Catalonia did not exist in 987, as the nationalists claimed, celebrating the millennium in the 80’s of the twentieth century. At the height of the twelfth century there were other kingdoms in the Iberian Peninsula: Asturias-León, Castile, Navarra, with an administrative and political structure of State and with a King in front of them, as well as enjoying representative institutions that were the Cortes, where liberties were established, censuses and tributes were voted, and the sovereign was obliged to consult them to make war or to make peace.

But, to a greater extent, if we review the history (of which the nationalists cackle) since its origins, we will see that both Catalanism and Basque are, in Unamuno’s words, very recent «nationalist pruritus», which in no way they correspond to their well-contrasted Spanish past, but were born very late in the nineteenth century and which led to anti-Spanish positions that do not correspond to their fervent historical fidelity to Spain

We will give a medieval example (S. XIV) and a couple of them modern (S. XIX) to not extend too much in something that is perfectly demonstrated despite the fierce opposing position of the current nationalists:

When the Aragonese expeditions to Greece and Turkey, where Aragon founded the duchies of Athens and Neopatria, the Catalan soldiers, called Almogávares, entered into combat, not exalting to Catalonia, but to the cry of: Aragó, Aragó!

When the Cadiz Courts (1810) is convened to try to organize the Spanish disaster that occurs with the Napoleonic invasion, the Junta de Catalunya demands from its deputies the following oath:

«Do you vow to contribute with all your might to the union of all the provinces in a superior government?»

And during the War of Independence itself, in the Siege of Gerona, glorified to the utmost patriotic exaltation by all historians, the Catalan militias sang (in their own language):

“Digasmi tu Girona

Si te n´arrenderás.

¿Com vols que me randesca

si Espanya non vol pas?”

It remains, according to this quite clear that the consciousness of Catalan national entity historically is a fallacy propelled in 1830, with the romanticism of the Renaixenca or with the Bases of Manresa of 1892, all which married quite badly with the protectionist attitude of the government of Spain to Catalonia and the Basque Country, which at the same time created customs legislation contrary to free trade, which imposed strong entry duties on foreign goods, precisely to favor the manufacturing industries of both regions, which were heavily threatened by England, France and the United States. United States., As already mentioned above.

In short: neither the language, nor customs, nor considerations of geographic, ethnic, commercial or sentimental nature, are the constitutive notes of a nation. The nation arises from the political circumstances that form and typify it, and it is therefore ridiculous to say that Catalonia or Vascongadas are nations, as attributed to Geneva or Zurich as qualifying, because despite the enormous differences that exist between the region of Geneva and the Zurique, there is no other nation there than the Swiss nation, which is the one who politically unites them and the vertebra.

Equal consideration should be made of the national unity of China or India, countries in which more than one hundred different languages and almost as many races, as well as different religions coexist, tended by their special idiosyncrasies to establish notable differences between the way of thinking of some others. However nobody questions the national entity of the Asian giants and we are going to be the European dwarves, for whom the grouping is vital, those who discard the old principle that «Union is strength», we want to break Spain, starting with Catalonia and the Basque provinces, until they were independent of each other to the seventeen taifas in which our great country has foolishly divided.

And, to finish: that flag of which so much use and abuse the Catalan nationalists and that call «senyera», is not Catalan; is the flag of the ancient kingdom of Aragon [3]. Wifredo el Velloso, whom we allude to at the beginning, as part of the vision that he was the original creator of Catalonia, is also credited with the origin of the flag of the four bars. This legend has its origin in the Valencian historian Pere Antoni Beuter, who included it in 1555 in his work Chronicle of Spain, inspired by a Castilian chronicle of 1492.

The text of Beuter reads (NOTE: It is old Castilian. The translation, therefore, is even more deficient than normal. The original can be seen in the Spanish version, above.):

… the count Iofre Valeroso (Wifredo el Velloso) asked the Emperor Lois to give him weapons that he could carry on the shield, which he wore gold without any badge. The emperor, seeing that it had been in that battle so courageous that, with many wounds he received, he wrought wonders in arms, he came upon it, and his right hand dripped from the blood that came out to the earl, bloodshed on the golden shield, from high to low, making four stripes of blood, and said: «These will be your weapons, count.» And from there he took the four stripes, or bands, of blood in the golden field, which are the weapons of Cathaluna, which we now call Aragon.

It was revived among others, by the Catalan writer Pablo Piferrer (1818-1848) recognized like the great compiler of the traditional Catalan legends.

All this, as an argument for a pseudo-historical novel or for a popular success film, is very beautiful, romantic and adequate, but in strictly historical terms, the shield of the four bars who began to use it was Alfonso II of Aragon, son of Count of Barcelona, Ramon Berenguer IV, who married Petronila, daughter of the King of Aragon.

Petronila of Aragon, (Huesca, 29 of June of 1136 – Barcelona, 15 of October of 1173). She was Queen of Aragon between 1157 and 1164 and countess of Barcelona between 1162 and 1164. She was daughter of Ramiro II the Monk and Inés de Poitou and after the dynastic union of the county of Barcelona with the kingdom of Aragon, to which it is incorporated said county , was when it was adopted the emblem of the four bars or red sticks on a gold background, becoming the official symbol and flag of the lineage from his son, King Alfonso II of Aragon, around 1170.

To a greater extent, in the 9th century, Velloso times, Heraldry did not yet exist as a science of the standard coat of arms and subject to strict rules and, therefore, no shields were painted.

Until the eleventh and twelfth centuries no such thing began to be done and this was so because with the use of helmets and armors, it was impossible to recognize the knights who participated in medieval jousting (tournaments) and to be identified and distinguished from each other chose symbols exclusively, almost always granted or endorsed by the sovereigns and princes.

Although in ancient antiquity, Greeks and Romans first and Celts and Goths later, used in their shields emblems and drawings, nothing has to do with this custom with heraldry. This was imported from the East by the knights of the different nations of Christian Europe who went to fight in the Crusades.

And, by the way, and with this I finish these reflections, the two great caudillos of whom presumes Catalonia at the present time, like conquerors and admirals of its Mediterranean fleet, Roger de Lauria and Roger de Flor, were not Catalans. The one, Roger de Lauria, was Italian from Basilicata, in the Gulf of Taranto, and the other, Roger de Flor, also Italian, was born in Brindisi, Apulia, region located in the so-called «Heel Boot Italy «.

Another couple of more lies, and go …

[1] Menéndez Pelayo, precisely began his brilliant career in the University of Barcelona, with the eminent philologist Milá and Fontanals.

[2] By the way, St. Francis of Borja, III General of the Society of Jesus, before embracing religious life, was Duke of Gandía and Viceroy of Catalonia

[3] The origin of the Aragonese colors, most probably is in the correspondence between Aragon and the Papado. The letters that the Pope of Rome sent to the king of Aragon were sealed and tied with red and yellow appointments.

 

~ por ramrock en septiembre 25, 2017.

2 respuestas to “Cataluña no es una nación. Los nacionalistas falsifican la Historia de España / Catalonia is not a nation. The Nationalists falsify the History of Spain (SPANISH / ENGLISH)”

  1. Reblogueó esto en Donde están las luces…y comentado:
    Magistral clase de historia y educación…chapó!!!

    Le gusta a 1 persona

  2. Igual que en EEUU donde los musulmanes estan diciendo que descubrieron America y escribieron la Declaración de Independencia.

    Le gusta a 1 persona

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Situaciones Difíciles y Conflictivas

Las trampas del poder son infinitas y las mentiras más aún. La gente debe pensar por su cuenta, no a contarle la verdad, sino que desconfíe de todas las verdades publicadas.

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